Si bien perder peso suele asociarse a una mejora de la salud, el bienestar y la imagen corporal; en algunos pacientes, especialmente tras una pérdida de peso significativa o rápida, el rostro puede presentar cambios inesperados: pérdida de volumen, aparición más marcada de surcos y una sensación de flacidez que, en ocasiones, se traduce en un aspecto más envejecido.
Hablamos con la Dra Keila Mitsunaga, dermatóloga, acerca de este tipo de flacidez facial:
¿Por qué la pérdida de peso puede provocar flacidez facial o un aspecto más envejecido del rostro?
La pérdida de peso no solo afecta a los depósitos grasos corporales, sino también a los del rostro. Cuando adelgazamos, ocurre una disminuición del volumen de grasa facial que actúa como soporte natural de la piel. Como consecuencia, determinadas zonas pueden verse más hundidas o menos definidas, haciendo más evidentes los signos de envejecimiento ya existentes. Además, si la piel ha perdido elasticidad con el paso de los años, puede tener más dificultades para adaptarse al nuevo volumen facial.
¿Qué estructuras anatómicas se ven más afectadas cuando adelgazamos (piel, grasa facial, músculos, hueso, ligamentos, etc.)?
La estructura que más cambios experimenta es la grasa subcutánea facial, especialmente los compartimentos grasos profundos y superficiales que aportan soporte y volumen. Las primeras capas de la piel (epidermis y dermis) también se ven implicadas, ya que deben retraerse para adaptarse tras la pérdida de grasa. Tras una gran pérdida de peso, principalmente las inducidas por los análogos del GLP-1, el paciente no pierde solo grasa, hay un percentual de músculo que se pierde, por eso la musculatura facial puede verse afectada directamente por el adelgazamiento.
¿Todas las personas experimentan cambios faciales tras perder peso o depende de determinados factores?
No todas las personas los experimentan con la misma intensidad. Influyen factores como la cantidad de peso perdido, la velocidad del adelgazamiento, la edad, la calidad de la piel, la distribución individual de la grasa facial y la predisposición genética. Hay personas quevmantienen una buena firmeza cutánea, mientras que otras desarrollan flacidez o pérdida de volumen más evidente.
¿Qué papel juegan la edad, la genética y la calidad de la piel en la aparición de flacidez facial?
Son factores fundamentales. Con la edad disminuyen la producción de colágeno y elastina, lo que reduce la capacidad de la piel para retraerse tras una pérdida de volumen. La genética determina tanto la calidad de la piel como la distribución de la grasa facial. Asimismo, factores como la exposición solar acumulada, el tabaquismo o determinadas enfermedades pueden acelerar el deterioro estructural de la piel.
¿Existe una diferencia entre perder peso de forma gradual y hacerlo de manera rápida en cuanto al impacto sobre el rostro?
En general, una pérdida de peso gradual suele permitir una mejor adaptación de los tejidos. Cuando el adelgazamiento es muy rápido, la piel dispone de menos tiempo para reorganizarse y retraerse, por lo que la sensación de flacidez o descolgamiento puede ser más evidente. Sin embargo, el resultado final también dependerá de la cantidad total de peso perdida y de las características individuales de cada paciente.
¿Qué áreas del rostro suelen mostrar antes los signos de flacidez tras una pérdida de peso significativa?
Las zonas que con mayor frecuencia muestran cambios son las mejillas, el tercio medio facial, la línea mandibular y el área submentoniana. También es habitual observar una mayor definición de los surcos nasogenianos y de las líneas de marioneta debido a la pérdida de soporte de los tejidos circundantes.
¿Por qué algunas personas perciben una mayor presencia de surcos, arrugas o hundimiento facial después de adelgazar?
Porque al disminuir el volumen graso que previamente rellenaba determinadas áreas, las estructuras anatómicas subyacentes se vuelven más visibles. Muchas veces las arrugas o surcos ya existían, pero estaban parcialmente camuflados por el volumen facial previo. La pérdida de grasa actúa como un «desenmascarador» de estos signos.
¿Es posible diferenciar entre envejecimiento natural y cambios derivados de una pérdida de peso reciente?
El envejecimiento suele ser un proceso progresivo que ocurre a lo largo de los años, mientras que los cambios relacionados con una pérdida de peso importante suelen aparecer en un periodo relativamente corto. La historia clínica, la cronología de los cambios y la comparación con fotografías previas suelen ayudar a establecer la diferencia.
¿Se puede prevenir o minimizar la flacidez facial durante un proceso de adelgazamiento?
No siempre puede evitarse por completo, pero sí minimizarse. Una pérdida de peso progresiva, acompañada de hábitos saludables y un adecuado cuidado de la piel, puede favorecer una mejor adaptación de los tejidos. En pacientes con riesgo elevado de flacidez, la valoración dermatológica temprana permite plantear estrategias preventivas.
¿Qué importancia tienen la nutrición, la hidratación y la ingesta adecuada de proteínas para preservar la calidad de la piel?
Son aspectos esenciales. Una ingesta adecuada de proteínas proporciona los aminoácidos necesarios para el mantenimiento y la reparación de los tejidos. La hidratación es esencial para tiener una piel saludable. Además, una alimentación equilibrada rica en antioxidantes, vitaminas y minerales favorece el correcto funcionamiento de los procesos de regeneración cutánea.
¿Existen hábitos o cuidados diarios que ayuden a mantener la firmeza cutánea durante la pérdida de peso?
Sí. Se puede listar como elementos esenciales: fotoprotección diaria, alimentación equilibrada, evitar el tabaco, dormir adecuadamente y utilizar dermocosméticos adecuados. A parte de eso, hay múltiples tratamientos que podremos ofrecer en consulta médico especializada para minimizar la flacidez facial.
¿Qué opciones no quirúrgicas existen actualmente para mejorar la flacidez facial asociada a la pérdida de peso?
Actualmente disponemos de diferentes tratamientos que pueden adaptarse a las necesidades de cada paciente:
- Ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU), como LIFTERA: actúan en múltiples capas de la piel y del músculo (sistema de soporte facial) estimulando la producción de nuevo colágeno y favoreciendo un efecto tensor progresivo.
- Bioestimuladores de colágeno: ayudan a mejorar la calidad de la piel y a recuperar parte de la firmeza perdida mediante la activación de la producción natural de colágeno.
- Ácido hialurónico estructural: permite restaurar volúmenes estratégicos que se han perdido con el adelgazamiento, mejorando el soporte facial y suavizando determinadas depresiones o surcos.
En muchos casos, los mejores resultados se obtienen mediante tratamientos combinados e individualizados.
¿Qué resultados puede esperar el paciente de estos procedimientos y cuánto tiempo suelen durar?
Es importante transmitir expectativas realistas. Los tratamientos no quirúrgicos pueden mejorar la firmeza, redefinir el contorno facial y recuperar parte del volumen perdido, pero no sustituyen a una cirugía cuando existe una flacidez muy avanzada. La duración de los resultados depende de la técnica empleada, de las características del paciente y del proceso natural de envejecimiento. En general, los efectos pueden mantenerse entre varios meses y más de un año, especialmente cuando se realizan protocolos de mantenimiento.
¿Qué mitos sobre la flacidez facial y el adelgazamiento le gustaría desmontar?
Uno de los principales mitos es pensar que la pérdida de peso es la causa única de la flacidez facial. En realidad, suele actuar sobre una estructura que ya está influida por el envejecimiento, la genética y los hábitos de vida.
Otro mito frecuente es creer que todos los pacientes que adelgazan desarrollarán necesariamente un aspecto envejecido. Muchas personas experimentan una mejora global de su salud y de su imagen sin presentar cambios faciales significativos.
También conviene aclarar que no existe un único tratamiento válido para todos los casos. La evaluación individualizada es fundamental para determinar si el problema principal es la pérdida de volumen, la flacidez cutánea o la combinación de ambos factores, y así elegir la estrategia terapéutica más adecuada.
